sábado, 19 de agosto de 2017

EL VERB



COM EXISTEIX EL VERB EN LA NATURA DIVINA

71. A conseqüencia de tot el que s´ha dit fins ara (caps. 28,30 i 34), hem d'admetre que Déu es comprèn a si mateix i s'estima i que en ell entendre i voler no són una cosa diferent del seu ésser. Puix que Déu es comprèn a si mateix i que tota comprensió de la intel.ligència es troba en el qui entén, cal que Déu en ell mateix sigui com l'objecte comprès en l'ésser que el comprèn. L'objecte entès en quant és en l'ésser intel.ligent, és com un verb de l'enteniment, car expressem amb un verb exterior allò que interiorment comprenem en la intel.ligencia. Segons diu el Filòsof (Aristòtil), les paraules són els signes dels conceptes. Per tant, cal que en Déu existeixi es seu Verb.

EL VERB, EN LA NATURA DIVINA S'ANOMENA CONCEPCIÓ

72. Allò que és conegut en la intel.ligència com un verb interior, segons la manera normal de parlar, és anomenat concepció de la intel.ligència. Es diu que alguna cosa ha estat concebuda corporalment quan, en el si d'un animal viu, ha estat formada per una força vivificant, i el mascle n'es l'agent i la femella el pacient, en la qual s'esdevé la concepció; de tal manera que el concebut pertany a la natura de tots dos, adaptant-se a la forma d'ells segons l'espècie. El que l'enteniment comprèn es forma en la intel.ligència amb l'intel.ligible movent, del qual és una certa representació, i també a l'enteniment pacient, puix que té una natura intel.lectual. D'aquí se segueix que allò que és comprés per l'enteniment s'anomena, amb raó, concepció de l'enteniment.

DE QUINA MANERA EL VERB ES COMPARA AL PARE

73. Malgrat tot, en això hem de considerar una diferència. Allò que és concebut per la intel.ligència és semblant a la cosa coneguda, i representa la seva espècie, de tal manera que és com un fill de la mateixa cosa. Així, doncs, quan la intel.ligència entén quelcom diferent d'ella, és com el pare del verb concebut en l'intelecte; d'altra banda, l'enteniment té més semblança a la mare, en la qual s'ha gestat la concepció. Peró, quan la intel.ligència s'entén a si mateixa, el verb concebut es compara al principi intel.ligent, com el fill al pare. Així, doncs quan parlem del Verb segons el qual Déu s'entén a si mateix, cal que el mateix Verb sigui comparat a Déu, del qual és el Verb, com es compara el Fill al Pare.

(Tomàs d'Aquino, "Compendi de teologia")

martes, 18 de julio de 2017

LA MIEL Y LA EUCARISTÍA


"Esta misma liturgica latina, por la pluma de Santo Tomás de Aquino, consagró oficialmente la miel como símbolo de la Eucaristía, tomando por Introito de la Misa del Santo Sacramento estas palabras: "Cibavit eos ex adipe frumenti, et de petra melle saturavit eos." "Él los alimentó con la más grasa sustancia del trigo, los sació con miel de la piedra". Es la trasposición de un versículo del salmo con el que David pone en boca del Señor estas palabras dirigidas a su pueblo: "Yo os alimentaré con la flor del trigo y los saciaré con miel de la roca".

Este simbolismo feliz fué propio de todos los tiempos cristianos, y son numerosos los autores que se sirvieron de él: en el siglo III, el lapicida de Autun, que grabó la piedra funeraria de Pectorio ya trazó estas palabras pensando en la Eucaristía: "Queridísimo, regocija tu alma mediante el agua de sabiduría, que nunca deja de manar y que da los tesoros. Recibe este alimento, dulce como la miel del salvador de los santos y come con delicia, sosteniendo al Pez (Cristo) en tus manos..."

Recordemos también que san Hipólito prescribía dar a los comulgantes tres alimentos, primero una copa de agua, luego miel y luego una copa de vino, "todo ello debidamente eucaristicado."

Doce siglos más tarde, un miniaturista francés representaba un copón con el texto del Cantar de los Cantares: "Comedi favum cum melle meo.", "He comido mi panal con mi miel".

En el siglo XVII, messire Jean Belot, párroco de Ménilmont, que se autotitulaba "Maestro de Ciencias divinas y celestiales" citaba en su singular obra, como una de las doce figuras del Sacramento del Altar, "el panal de miel que devuelve la vista a Jonathas." Pues bien, veamos el hecho bíblico al que se alude aquí: Jonatán, hijo de Saúl, rey de Israel, habiendo encontrado miel de abejas salvajes en un bosque, comió de ella delante del pueblo, y sus ojos adquirieron un brillo extraordinario, él mismo lo hizo notar, diciendo a la multitud: "¿Veis lo brillantes que se han puesto mis ojos porque he comido de esta miel?". Asimismo la teología reconoce en la Eucaristía la virtud de conceder a las almas una visión más clara, una comprensión más penetrante de las cuestiones espirituales y divinas.

Este mismo simbolismo que relaciona la miel con la Eucaristía es reconocible en la ornamentación del alba potevina del siglo XIII, de la que hemos hablado en el capítulo anterior, y que tiene una cruz horizontal en la que hay una colmena acompañada de un personaje que presenta espigas, así como un cáliz sobre el cual se encuentra la hostia."

(Louis Charbonneau-Lassay, "El bestiario de Cristo")




LA MIEL DE LA PIEDRA



"Toda la antigüedad alabó como la más excelente de las mieles la que las abejas salvajes dejan en las cavidades rocosas, como si en ese hábitat ganase cualidades misteriosas análogas a las que las radiaciones telúricas hacen nacer en ciertas sustancias.

A esta excelencia se refiere el pasaje del salmo LXXX traspasado a nuestra liturgia latina de hoy, y que antes citábamos: "...de petra melle saturavit eos".

La Biblia dice también en otro lugar: "Israel comió el fruto de los campos; saboreó la miel de la roca y bebió el aceite de la piedra dura".

Hay otros pasajes de los Libros sagrados que hablan de esa miel incomparable, pero sería una ilusión creer que su buena fama es tan sólo de notoriedad bíblica: en el siglo quinto antes de nuestra era, Ctesias escribía que en Asia corre un río de miel, cuya fuente mana de una roca. Este río de miel, nos dice Lanoé-Villène, es la Ganga celeste, el alimento de los Santos.

También es posible que el simbolismo más antiguo relacionase aquella miel excelente con las primeras concepciones referentes al Verbo Divino; ya hemos visto que en todo el mundo antiguo se le consagró la abeja. Aquella la miel de la piedra, cantada por la liturgia, fue tomada también como emblema de la Sabiduría infinita y absoluta de Cristo, tal vez a causa de las cavidades rocosas con las que se relaciona su origen: porque las grutas profundas -como por otra parte las cúspides elevadas que se les oponen- siempre han figurado entre los marcos de inspiración más favorables para la meditación intensa que conduce al hombre a la sabiduría implorada en la oración. Los antiguos maestros de la mística cristiana establecieron la relación entre la sabiduría y la miel de la piedra a partir de este consejo del "Libro de Proverbios"; "Hijo mío, come miel, pues es deliciosa: un panal de miel es dulce en la boca, pero debes saber y recordar que la sabiduría es igual de dulce para el alma; si la adquieres, es un fruto para tí, y tu esperanza no se verá defraudada".

Así pues, la sabiduría de Cristo se impone al alma del cristiano por la manducación de la miel, y encontramos ahí uno de los dones de la Eucaristía. Por eso "La Vid Mística", que es del siglo XII, nos dice: "Abejas espirituales, conviene que busquemos la miel que fluye de la piedra, conforme a las palabras del Profeta, pues ese Cristo que es un paraíso de delicias también es esa piedra misteriosa".

Haciéndonos saborear la miel de la piedra, la "Vid Mística" nos conduce a otro simbolismo de esa excelente miel, el que hace de ella la imagen escogida de la doctrina de Cristo, la abeja divina, doctrina toda hecha de dulzura, bondad, caridad y suavidad. A esta doctrina, alimento espiritual de las almas encarnadas en la tierra, puede aplicarse también el "Cibavit eos ex adipe frumenti" de los oficios del Santo Sacramento y del Sagrado Corazón: "alimentó a sus hijos con la más rica sustancia del trigo candeal y con la miel de la piedra". Estos dos emblemas de la sustancial doctrina cristiana están oportunamente escogidos: la harina de trigo candeal, que es uno de los trigos más excelentes, y la miel de la piedra, considerada la más excelente de las mieles.

Los antiguos también consideraban que esta miel de la piedra era un remedio más eficaz que las otras mieles, sobre todo cuando se le agregaba una infusión de pétalos de rosa, y ahí también intervenía el simbolismo, sobre todo en la preparación de los ungüentos y de los electuarios rituales o mágicos: la miel y la rosa, dulzura penetrante y belleza, incluso fecundidad, se relacionaban con la emblemática de la vida naciente.

Nuestra farmacopeya de ayer, y todavía de hoy, reconocía a todas las "mieles rosadas" virtudes curativas indiscutibles, pero no habla de la "miel de la piedra", de virtudes mayores que las de las otras mieles, porque se hizo particularmente imposible de encontrar en nuestros países europeos: no ocurre lo mismo en algunas zonas montañosas de Asia, en las que la miel de la piedra ha conservado su antiguo favor.

Y todo ello no está tan alejado como pudiera pensarse del Cristo sanador, del Cristo fuente de vida."


(Louis Charbonneau-Lassay, "El bestiario de Cristo") 


    

sábado, 10 de junio de 2017

The break down of mediaeval culture (Titus Burckhardt)


"The view of life on which mediaeval culture rested, and which Dante has outlined as if by way of a final summing-up, recognised hierarchy as the highest law, in virtue of which all that has existence derives tier upon tier from Eternal Being, so that each component thing in existence finds its own principle in the fact it represents an image of something higher. In the light of Christianity this law derives from the doctrine of the incarnation of God´s eternal and divine Word, for were it not that man is the distant image of God, God would never have taken on the human form of man. 

Hierarchy is the Unity revealing itself in multiplicity through a differentiation which yet does not divide, being of a qualitative nature, so that each separate element, according to that particular character and rank that belongs to it, still remains an expression of the total order. In like manner light, broken up by a prism, scatters its manifold colours yet remains, despite all this store of wealth, a perfect and undivided whole.

When therefore this grading of reality breaks down, inasmuch as each separate element strives to become the whole, not only does each drop out of place in the eternal order of things, but also it forfeits its special and inimitable character and is no longer its own self.

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A somewhat similiar change was in progress in the realm of science (as by art): for the first time learning and research began to be cultivated which no longer had any direct connection with the integral nature of the humen soul. Up till now a rightly exercised knowledge of science was held to bestow a real wisdom on its posessor. The various  liberal sciences - which where formerly characteristically named the "liberal arts"- were supposed to confer a deeper knowledge of the intrinsic oneness of the world, built as a divine cathedral. Thus, all inherited knowledge had, up till now, posessed  a spiritual backround susceptible of being comprehended only intuitively. This conception, however, began to be overlaid by a certain intellectual routine just at the time when Renaissence was awakening. Now science was to be released; scientific research was to be promoted for its own sake and art to be cultivated for the sake of art. Hirtherto it was something unheard-of  that science should no longer pursue a spiritual purpose, one that kept in view man in his wholeness, as an immortal being reaching even beyond death. The immediate result of this change of outlook was a moral disruption..."

(Titus Burckhardt, "Siena")  




    

martes, 6 de junio de 2017

La Edad Media




San Agustín (354-430)

Ramon Llull (ca 1232-1316)
Dante (1265-1321)
Santo Tomás de Aquino (1225-1274)
Ibn al Arabi (1165-1240)



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"La Edad Media, Medievo o Medioevo es el período histórico de la civilización occidental comprendido entre el siglo v y el xv. Convencionalmente, su inicio es situado en el año 476 con la caída del Imperio romano de Occidente y su fin en 1492 con el descubrimiento de América, en 1453 con la caída del Imperio bizantino.

Aunque hay algunos ejemplos de utilización previa, el concepto de Edad Media nació como la segunda edad de la división tradicional del tiempo histórico debida a Cristóbal Cellarius ... , quien la consideraba un tiempo intermedio, sin apenas valor por sí mismo, entre la Edad Antigua identificada con el arte y la cultura de la civilización grecorromana de la Antigüedad clásica y la renovación cultural de la Edad Moderna —en la que él se sitúa— que comienza con el Renacimiento y el Humanismo. La popularización de este esquema ha perpetuado un preconcepto erróneo: el de considerar a la Edad Media como una época oscura, sumida en el retroceso intelectual y cultural, y un aletargamiento social y económico secular (que a su vez se asocia con el feudalismo en sus rasgos más oscurantistas, tal como se definió por los revolucionarios que combatieron el Antiguo Régimen). Sería un periodo dominado por el aislamiento, la ignorancia, la teocracia, la superstición y el miedo milenarista alimentado por la inseguridad endémica, la violencia y la brutalidad de guerras e invasiones constantes y epidemias apocalípticas.

Sin embargo, en este largo período de mil años hubo todo tipo de hechos y procesos muy diferentes entre sí, diferenciados temporal y geográficamente, respondiendo tanto a influencias mutuas con otras civilizaciones y espacios como a dinámicas internas. Muchos de ellos tuvieron una gran proyección hacia el futuro...

... Lejos de ser una época inmovilista, la Edad Media, que había comenzado con migraciones de pueblos enteros, y continuado con grandes procesos repobladores (Repoblación en la Península Ibérica, "Ostsiedlung" en Europa Oriental) vio cómo en sus últimos siglos los antiguos caminos (muchos de ellos vías romanas decaídas) se reparaban y modernizaban con airosos puentes, y se llenaban de toda clase de viajeros (guerreros, peregrinos, mercaderes, estudiantes, goliardos, etc.) encarnando la metáfora espiritual de la vida como un viaje (homo viator)."

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"Esa misma Europa Occidental produjo una impresionante sucesión de estilos artísticos (prerrománico, románico y gótico), que en las zonas fronterizas se mestizaron también con el arte islámico (mudéjar, arte andalusí, arte árabe-normando) o con el arte bizantino."

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"La diferenciación entre oficios viles y mecánicos y profesiones liberales vinculadas al estudio intelectual convivió con una teórica puesta en valor espiritual del trabajo en el entorno de los monasterios benedictinos, cuestión que no pasó de ser un ejercicio piadoso, sobrepasado por la mucho más trascendente valoración de la pobreza, determinada por la estructura económica y social y que se expresó en el pensamiento económico medieval."

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"El descrédito de la Edad Media fue una constante durante la Edad Moderna, en la que Humanismo, Renacimiento, Racionalismo, Clasicismo e Ilustración se afirman como reacciones contra ella, o más bien contra lo que entienden que significaba, o contra los rasgos de su propio presente que intentan descalificar como pervivencias medievales."






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"René Guénon define el mundo moderno como la degeneración e inversión del mundo Tradicional. Por una parte el carácter decisivo de la modernidad es su carácter anti-tradicional, su negación de toda herencia del pasado y su falta de reconocimiento de cualquier deuda con una sabiduría o cultura anterior. La oposición clásica entre Occidente y Oriente no es geográfica sino ideológica y doctrinal. Por eso se puede decir, un poco paradójicamente, que mientras Europa fue tradicional (en la Edad Media) se la podía calificar de «oriental» desde nuestra perspectiva actual. Del mismo modo el Oriente actual, investido de pensamiento occidental, no es ya «oriental», está occidentalizado (o en otras palabras des-orientado, si tomamos el sentido simbólico y profundo del término). En efecto, como advertía René Guénon, la Edad Media estaba más cercana a la civilización india o extremo-oriental que a nuestra sociedad actual en cualquiera de sus aspectos. De hecho el carácter tradicional de la Edad Media aseguraba y garantizaba un permanente contacto y diálogo con el Oriente tanto geográfico como doctrinal.

La conclusión última de su obra (contenida principalmente en El reino de la cantidad y los signos de los tiempos) es que la condición del mundo moderno testimonia el fin del ciclo actual de la humanidad, algo que señalan simbólicamente los mismos términos Oriente y Occidente (en particular este último, tomado por nuestra misma civilización para auto-denominarse, lo que no deja de ser llamativo). René Guénon encuentra la prueba de esto en la desaparición progresiva de la Tradición dentro de las sociedades occidentales. Al respecto, una de sus grandes aportaciones son los términos de «seudoiniciación» y «contrainiciación». René Guénon se esfuerza por desmontar tanto en la forma como en el fondo aquellas organizaciones que siendo presuntamente tradicionales tienden en realidad a subvertir la verdadera organización tradicional, en la mayoría de las ocasiones por ignorancia de la verdadera doctrina tradicional que les lleva a construir y abrazar una seudodoctrina.

Guénon afirma que su enseñanza no se debe a un pensamiento de corte individual o personal, influenciado por alguna filosofía particular. Por el contrario él se escapa del cuadro moderno de ciencias y filosofía y se encuadra más bien en el nivel de la pura metafísica y los principios universales. Y aborda estos objetivos con lógica y rigor con la intención de rendir sus obras a todos aquellos que buscan todavía la verdad en el mundo."





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"Los constructores de la Edad Media habían heredado la fe y la modestia. Artífices anónimos de verdaderas obras maestras, edificaron para la Verdad, para la afirmación de su ideal, para la propagación y el ennoblecimiento de su ciencia. los del Renacimiento, preocupados sobre todo de su personalidad, celosos de su valor, edificaron para perpetuar sus nombres. La Edad Media debió su esplendor a la originalidad de sus creaciones; el Renacimiento debió su forma a la finalidad servil de sus copias. Aquí, una idea; allá, una moda. De un lado, el genio; del otro, el talento. En la obra gótica, la hechura permanece sometida a la Idea; en la obra renacentista, la domina y la borra. Una habla al corazón, al cerebro, al alma: es el triunfo del espíritu; la otra se dirige a los sentidos: es la glorificación de la materia.

Del siglo XII al XV, pobreza de medios, pero riqueza de expresión; a partir del XVI, belleza plástica, mediocridad de invención. Los maestros medievales supieron animar la piedra calcárea común; los artistas del Renacimiento dejaron el mármol inerte y frío.

El antagonismo de estos dos períodos, nacidos de conceptos opuestos, explica el desprecio del Renacimiento y su profunda repugnancia por todo lo gótico.

Semejante estado de espíritu tenía que ser fatal para la obra de la Edad Media; y a él debemos atribuir, en efecto, las innumerables mutilaciones que hoy en día deploramos.


(Fulcanelli, "El misterio de las catedrales") 



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"Parece deducirse que, hacía aquella época, o quizás antes, hubo una "dimisión" general del espíritu. Se había acabado el gótico. Iba a hacerse el ojival, con todos los adornos del virtuosismo. Iba a hacerse Arte por el Arte. Todo sucedió como si, una vez terminado el movimiento iniciador, se hubiese devuelto a los hombres su completo libre albedrío, como se hace con los escolares cuando la enseñanza ha terminado. ¡Que vivan su vida por su cuenta y riesgo!

Una vez abierto el libro, los hombres son libres."



(Louis Charpentier, "El enigma de la catedral de Chartres") 











miércoles, 17 de mayo de 2017

Sobre la redención (la divina comedia)


"-...escucha, pues, que mis palabras te ofrecerán una gran verdad. Por no haber soportado un útil freno a su voluntad aquel hombre que no nació, al condenarse, condenó a toda su descendencia; por lo cual la especie humana yació enferma por muchos siglos en medio de un grande error, hasta que el Verbo de Dios se dignó descender adonde, por un solo acto de su eterno amor, unió a sí en persona la naturaleza, que se había alejado de su Hacedor. Ahora mira atentamente lo que digo: Esta naturaleza unida a su Hacedor, tal cual fué creada, era sincera y buena; pero por sí misma fué desterrada del Paraíso, porque se salió del camino de la verdad y de su vida. La pena, pues, que la Cruz hizo sufrir a la naturaleza humana de Jesucristo, si se mide por esa misma naturaleza, fué más justa que otra cualquiera; pero tampoco hubo otra tan injusta, si se atiende a la Persona divina que la sufrió, y a la que estaba unida aquella naturaleza. por lo tanto, aquel hecho produjo efectos diferentes; porque la misma muerte fué grata a Dios y a los Judíos; por ella tembló la Tierra, y por ella se abrió el Cielo.

No te debe ya parecer tan incomprensible cuando te digan que un tribunal justo ha castigado una justa venganza. Mas ahora veo tu mente comprimida, de idea en idea, en un nudo, del que espera con ansia verse libre. Tú dices: "Comprendo bien lo que oigo; pero no veo bien por qué Dios quisiera valerse de este medio para nuestra redención". Este decreto, hermano, está velado a los ojos de todo aquel cuyo espíritu no haya crecido en la llama de la caridad. Y en efecto, como se examina mucho este punto, y se le comprende poco, te diré por qué fué elegido aquel medio como el más digno. La divina bondad, que rechaza de sí todo rencor, ardiendo en sí misma centellea de tal modo, que hace brotar las bellezas eternas. Lo que procede inmediatamente de ella sin otra cooperación no tiene fin; porque nada hace cambiar su sello una vez impreso. Lo que sin cooperación procede de ella es completamente libre, porque no está sujeto a la influencia de las cosas secundarias; y cuanto más se le asemeja, más le place, pues el amor divino que irradia sobre todo, se manifiesta con mayor brillo en lo que se le parece más. La criatura humana disfruta la ventaja de todos estos dones; pero si le falta uno solo, es preciso que decaiga  su nobleza. Sólo el pecado es el que le arrebata su libertad y su semejanza con el sumo Bien; por lo cual se refleja muy poco su luz, y no vuelve a adquirir su dignidad, si no llena de nuevo el vacío que dejó su culpa, expiando sus malos placeres por medio de justas penas. Cuando vuestra naturaleza entera pecó en su germen, se vió despojada de estas dignidades y lanzada del Paraíso, y no hubiera podido recobrarlas (si lo examinas sutilmente) por ningún camino, sin pasar por uno de estos vados: o porque Dios, en su bondad, perdona el pecado, o porque el hombre por sí mismo redimiera su falta. Fija ahora tus miradas en el abismo del consejo eterno, y está tan atento como puedas a mis palabras. El hombre no podía jamás, en sus límites naturales, dar satisfacción, por no poder después humillarse con su obediencia tanto cuanto pretendió elevarse con su desobediencia; y ésta es la causa por que el hombre fué exceptuado de poder dar satisfacción por sí mismo. Era preciso, pues, que Dios condujera al hombre a la vida sempiterna por sus propias vías, bien por una, o bien por las ambas. Pero, como la obra es tanto más grata al obrero cuanto más representa la bondad del corazón de donde ha salido, la divina bondad, que imprime al mundo su imagen, se regocijó de proceder por todas sus vías para elevaros hasta ella. Entre el primer día y la última noche no hubo ni habrá jamás un procedimiento tan sublime y magnífico, de cualquier modo que se le considere; porque al entregarse Dios a sí mismo, haciendo al hombre apto para lamentarse da su caída, fué más liberal que si le hubiese perdonado por su clemencia; y todos los demás medios eran insuficientes ante la justicia, si el Hijo de Dios no se hubiera humillado hasta encarnarse. Ahora, para colmar bien todos tus deseos, vuelvo atrás, a fin de aclararte algún punto de modo que lo veas como yo. Tú dices: "Yo veo el aire, veo el fuego, el agua, la tierra y todas sus mezclas llegar a corromperse y durar poco; y estas cosas, sin embargo, fueron creadas: ahora bien, si lo que has dicho es cierto, deberían estar al abrigo de la corrupción." Los ángeles, hermano, y el país en que estás, pueden decirse creados tales como son, en su eterno ser; pero los elementos que has nombrado, y aquellas cosas que de ellos se componen, tienen su forma de una potencia creada. Creada fué la materia de la que están hechos: creada fué la virtud generatriz de las formas de las estrellas que giran en torno suyo. El rayo y el movimiento de las santas luces sacan de la complexión potencial el alma de todos los brutos y plantas; pero vuestra vida aspira directamente la divina bondad, la cual enamora de sí, de modo que siempre la desea. De aquí puedes deducir aún vuestra resurrección, si reflexionas cómo fué creada la carne humana, cuando fueron creados los primeros padres."

(Dante, "la divina comedia", VII Paraíso, habla Beatriz)